Cimientos y cemento.

Podría recurrir al tópico. No sé cómo empezar, y así, sin quererlo, hacerlo y cumplir con mi ignorante objetivo. Anulemos esa palabra, ignorante. Me gusta más inocente, involuntario. Inadecuado, inútil, insano, inmaduro, insorportable… Lo cierto es que estas últimas ya no me agradan tanto. Bien, veamos, inocente es la más adecuada, útil, sana, madura  y, no tiene por qué, pero es soportable.

Soportando la introducción, empiezan los pilares de una casa. Aunque la primera capa de cemento y los cimientos se improvisen. Nuestro arquitecto está, sigue de vacaciones, pero podemos solos. Una casa con ventanales que den al mar, o a la montaña. Mi casa tendrá dos balcones, de estos pequeños, como los de las casas de la Latina, minúsculos, pero que cuando los abra, crea que el suelo de esa mediocre terraza se desenrolla como una alfombra y llega hasta donde mis ojos cedan.

“Yo le digo que sí, que todo en el fondo es cuestión de palabras, de combinarlas, de jugar con ellas, es lo que tiene la literatura. “ Carmen Martín Gaite (Nubosidad Variable, 1992)

Texto: Sofía Caballero-

Fotografía: Marta Torralba.

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